Micromachismos: no apartes la mirada

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Ya lo dijo John Lennon: vivir es fácil con los ojos cerrados. Pero va siendo hora de abrirlos.

Cuando vivimos en un país en el que la media de mujeres asesinadas por violencia machista es de una a la semana, es evidente que algo estamos haciendo mal. 

Mucho se ha hablado sobre tomar medidas para frenar la ola creciente de violencia hacia las mujeres en los últimos meses: Partidos políticos han intentado aplicar estrategias -inútiles- ; se ha abierto un debate para reducir el nombre del Congreso de los Diputados a, simplemente, El Congreso; y hasta se ha cambiado de género a los Reyes Magos en las cabalgatas de Navidad. Pero todo eso es intentar tapar el sol con un dedo.

Nuestro problema como sociedad es mucho más profundo que la posible invisibilidad que pueda acarrear el decir los plurales siempre en masculino; y está muy arraigado.

Existe una pirámide de causalidades mucho más compleja, donde los micromachismos son la base y el inicio de todo.

 

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Pirámide de violencia

Los micromachismos son prácticas diarias de violencia sutil y aceptada hacia las mujeres, tan cotidianas que pasan desapercibidas, y que sin embargo, son la raíz que sustenta todo lo que que viene a continuación en la cadena. Son actos pequeños, tópicos inofensivos a primera vista, prejuicios, que, a base de repetición, se sumergen en el consciente colectivo y generan la idea de desigualdad e inferioridad de las mujeres respecto a los hombres. Tan legitimadas que a veces hasta nosotras caemos.

Pero es hora de decir basta. Mujeres y hombres: no miremos hacia otro lado. La realidad nos da una bofetada en la cara cada vez que aceptamos ser las mujeres las que siempre recogemos la mesa en una comida familiar mientras los hombres se atrincheran en el sofá, cada vez que reímos con un chiste ofensivo hacia el género femenino, cada vez que dejamos que se establezcan relaciones de poder donde quedamos silenciadas.

No somos pasivas, no necesitamos héroes ni más películas que apoyen lo contrario. No necesitamos a alguien que nos diga que nuestro vestido es demasiado corto o demasiado largo. O que deberíamos usar  más vestidos. No somos frágiles, no estamos hechas de metáforas. No necesitamos un cuerpo de bikini para ir a la playa. No queremos que nos halaguen comparándonos con otras, no hemos aceptado ninguna competición. Podemos pagar la cena. No queremos que nuestra pareja tenga que ser el sustento de la familia. Nuestras opiniones son válidas, nosotras también hemos marcado la historia. Nuestro tiempo libre no es el momento para realizar tareas domésticas. Lavar los platos es tarea de todos, no nos están ayudando si lo hacen. Los celos no son una nueva forma de decir te quiero.  No queremos ser nosotras el objeto de atracción para que tu discoteca se llene por la noche, ni para que tu canal tenga más audiencia. No queremos cócteles gratis para ser nosotras el producto. Queremos caminar libremente de madrugada. Queremos vivir.

¿Es mucho pedir?